
Juan Brignardello Vela
Juan Brignardello, asesor de seguros, se especializa en brindar asesoramiento y gestión comercial en el ámbito de seguros y reclamaciones por siniestros para destacadas empresas en el mercado peruano e internacional.




Las acciones de las principales automotrices han sufrido un desplome significativo en la Bolsa de Nueva York, tras la reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles del 25% a los vehículos ligeros importados y sus componentes. Este giro en la política comercial estadounidense ha desencadenado no solo una caída en la cotización de marcas icónicas como General Motors, Ford y Stellantis, sino que ha provocado una oleada de incertidumbre en el sector automotriz global, con implicaciones que se extienden más allá de las fronteras de Estados Unidos. Las empresas fabricantes de automóviles ya enfrentaban un contexto complicado, pero el anuncio de Trump ha intensificado las pérdidas en la Bolsa. General Motors, por ejemplo, vio cómo sus acciones cayeron más de un 3% durante la jornada y, tras el cierre, se desplomaron un 7% adicional. Ford, que había resistido mejor durante la sesión, registró una caída cercana al 5% en las operaciones posteriores. La situación es similar para Stellantis, que se dejó un 7% en el total de la jornada. Incluso Tesla, inicialmente vista como una beneficiada, cayó un 5,58%, lo que indica que la incertidumbre afecta a todos los actores del sector. Este desplome no se limita a las empresas estadounidenses. En el ámbito internacional, automotrices japonesas como Toyota, Honda y Nissan también sufrieron fuertes caídas en sus acciones al abrir la Bolsa japonesa, con descensos que oscilan entre el 3% y el 5%. Las surcoreanas Hyundai y Kia no se quedaron atrás y comenzaron su jornada con caídas similares, evidenciando que los aranceles de Trump envían ondas de choque a través de la industria automotriz global. Con la decisión de Trump, se han volatilizado decenas de miles de millones de dólares en valor de mercado del sector automotriz en cuestión de horas. Este golpe no solo pone en riesgo a los fabricantes, sino que también podría tener repercusiones económicas en el conjunto de la economía estadounidense y mundial. La confianza del consumidor, que ya mostraba signos de debilitamiento, se ha visto aún más comprometida, según una encuesta publicada recientemente por The Conference Board. La Reserva Federal, por su parte, ha ajustado sus previsiones de crecimiento a la baja, al tiempo que incrementa la expectativa de inflación. El nuevo arancel del 25% afecta a una variedad de vehículos, desde sedanes hasta SUV y camiones ligeros, así como a componentes esenciales como motores y transmisiones. Aunque el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) proporciona ciertas exenciones, la medida se traduce en un aumento de costos que, inevitablemente, se trasladará a los consumidores. Jennifer Safavian, presidenta de Autos Drive America, ha señalado que esta política conducirá a precios más altos y a menos opciones para los consumidores, además de amenazar con la pérdida de puestos de trabajo en la manufactura. Sin embargo, no todos ven el anuncio con desdén. Shawn Fain, presidente del sindicato United Auto Workers, ha elogiado la medida, viéndola como un primer paso para corregir lo que él califica como un "desastre del libre comercio". Su apoyo resalta la polarización en torno a estas políticas comerciales, con algunos viéndolas como necesarias para proteger los empleos locales, mientras que otros advierten sobre las consecuencias económicas adversas. A la sombra de esta incertidumbre, los fabricantes estadounidenses ya enfrentaban desafíos por los aranceles previos sobre el acero y el aluminio, junto con impuestos a la importación de microprocesadores. La presión sobre la industria solo parece intensificarse, lo que podría llevar a una mayor contracción del mercado laboral en un sector clave para la economía nacional. Desde el norte, Canadá ha expresado su preocupación por los nuevos aranceles. El primer ministro canadiense, Mark Carney, calificó la medida como un "ataque directo" a su país, advirtiendo que podría arrastrar a Canadá hacia una recesión. En el mismo sentido, Doug Ford, premier de Ontario, ha sugerido que su provincia responderá de manera contundente, instando a atacar a los vehículos estadounidenses en represalia. La guerra comercial aún parece estar en sus fases iniciales, con Trump anticipando una próxima ronda de aranceles recíprocos que podrían intensificar aún más las tensiones. Promete que estas medidas serán una respuesta a la falta de equidad en el comercio internacional. Sin embargo, la credibilidad de sus políticas comerciales ha sido cuestionada debido a su naturaleza errática y a las constantes contradicciones en sus declaraciones. En este clima de incertidumbre, la industria automotriz, un pilar de la economía estadounidense, se enfrenta a un futuro incierto. Los efectos de estos aranceles no solo impactarán en los márgenes de ganancia de las empresas, sino que también afectarán directamente a los consumidores, que podrían ver cómo el precio de los automóviles se eleva en un mercado ya sensible a los costos. El desenlace de esta situación está por verse, pero las repercusiones de las decisiones comerciales de hoy podrían resonar durante años en la economía global.
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